Alejandro Sanz en Buenos Aires: Crónica de un “madrileño con alma gaditana” suelto en Buenos Aires (desde hace más de 30 años)
Alejandro Sanz en Buenos Aires
Hay amores que no entienden de fechas, ni de tiempos. El de Alejandro Sanz con Buenos Aires es un idilio que quema. El madrileño con sangre Andaluza volvió a demostrar en este 2026 que su vínculo con Argentina es un cordón umbilical de arte y pasión. Tras un recorrido triunfal con sold out absoluto por México, Colombia, Ecuador, Perú y Chile, Sanz cerró su gira latinoamericana con dos noches que quedaron grabadas a fuego, en un Campo de Polo con 70.000 personas a pleno disfrute. No sólo dio dos conciertos; nos mostró como se entiende la vida, desde lo jondo, como su más primaria influencia.
Bajo nubes que amenazaban tormenta, Sanz soltó una frase que se volvió un mantra viral tras el primer concierto: "Una canción no puede parar un tanque, pero sí puede partirle el alma al guerrero que lo conduce".
Ese fue el tono de la gira "¿Y ahora qué?": la música no como trinchera, sino como el abrazo necesario para los días difíciles. Entre mates compartidos con Yami Safdie y una banda multinacional que sonaba a gloria, Sanz navegó por 32 años de historia sin que sus canciones envejecieran un solo día.
Si el primer concierto fue un reencuentro mágico , el segundo fue una ceremonia de pertenencia. La noche del sábado arrancó con un regalo que el público reclamaba con desesperación: "Llegó, llegó soledad", la canción que Alejandro le dedicó a Buenos Aires.
Con los acordes de “Tiene Buenos Aires un rincón en un jardín prohibido...” flotando en el aire, Sanz recordó por qué tiene su propio pedazo de vereda grabado en Av. Callao de Buenos Aires. Antes de que los acordes de “Mi soledad y yo” hicieran emocionar a la multitud hasta las lágrimas de muchos, soltó la confesión que paralizó el tiempo:
“Dicen que si piensas mucho en Buenos Aires, hay un momento en el que tu espíritu camina por sus calles y ya se queda para siempre. Mi corazón llegó, pero nunca más se fue”.
Aunque hoy sea una estrella global, Alejandro sigue siendo aquel niño que quiso ser guitarrista flamenco antes que nada. Esa identidad se hizo palpable en las dos noches de sus conciertos, evocando aquella apuesta por el flamenco en tiempos en que la industria pretendía diluir su impronta flamenca. Fue una rebeldía artística que marcó un punto de inflexión en 1997, cuando defendió esa identidad y sumó la guitarra de Vicente Amigo en “Corazón partío” (con quien colaboró en “Y será verdad”, del álbum Paseo de Gracia, junto a Enrique Morente y Pedro el Granaíno).
Durante casi dos horas, Alejandro navegó por un repertorio de más de 30 años, regalándonos joyas como: sus clásicos inolvidables: Por bandera, Mi soledad y yo, Amiga mía, ¿Y si fuera ella?, Quisiera ser, Cuando nadie me ve, El alma al aire, No es lo mismo y Viviendo deprisa, otras como: Desde cuándo, Capitán Tapón, Bésame, A la primera persona, Deja que te bese y Aquello que me distey sus nuevas propuestas: Hoy no me siente bien, El vino de tu boca y su colaboración con Yami Safdie, Cuéntame, compartiendo, incluso termo y mate en el escenario.
El momento cúlmine llegó, cuando Alejandro, apareció en escena con la camiseta de la Selección Argentina. El rugido fue ensordecedor; un gesto de hermandad para un hombre que hoy tiene el corazón porteño. Vestido de celeste y blanco, se sentó solo al piano para desnudarnos con “Lo ves”, dejando un silencio que solo el duende sabe gestionar.
Como no podía ser de otra manera, las dos noches cerraron con “Corazón partío”. Un ritual que desde hace décadas nos une y nos rompe a la vez. Alejandro se fue, pero su espíritu se queda caminando por la Av. Callao de Buenos Aires , cuidando ese verso que nos dedicó.
Por otra parte, este año 2026, marca un renacimiento. Su reciente álbum bajo el sello Sony Music es la respuesta a una necesidad de volver a priorizar el arte por sobre la estadística, dejando atrás los fríos números y volviendo a sus raíces, a esa esencia que mamó desde la cuna.Todo eso, además, puede verse en su documental “Cuando nadie me ve” (Sony Music Vision y Movistar +), donde muestra su raíz flamenca por los cuatro costados y que ya soñamos con ver en una presentación acá.
Solo queda despedirnos, dando gracias al gran artista por sus dos presentaciones cargadas de emoción, pasión, y sentido pertenencia, porque hace más de 30 años que un madrileño con alma flamenca, empezó dejarnos el corazón partido, tanto que, podría decirse que un poco de él quedó desde entonces en Buenos Aires.
Adriana Pavón Marín®
Directora
Buenos Aires Flamenco®
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